En 1905 Isadora Duncan, la ninfa, visitó el estudio dónde Ana Pavlova ensayaba y escribió:
“Encontré a Pavlova de pie con su vestido de tul practicando en la barra, sometiéndose a la gimnasia más rigurosa, mientras que un viejo caballero con un violín marcaba el tiempo y la exhortaba a realizar mayores esfuerzos; era el legendario maestro Petipa. Me senté y durante tres horas observé tensa y perpleja los sorprendentes ejercicios de Pavlova, que parecía ser de acero elástico. Su hermoso rostro adoptó las líneas severas del mártir. No paró ni un solo instante. Todo su entrenamiento parecía estar destinado a separar por completo la mente de los movimientos gimnásticos del cuerpo. La mente debíaalejarse de esa rigurosa disciplina muscular. Esto era justamente todo lo contrario de las teorías sobre las que yo había fundado mi escuela un año antes. Lo que yo pretendía es que mente y espíritu fuesen los motores del cuerpo y lo elevasen sin esfuerzo aparente hacia la luz.”

La danza es la expresión del cuerpo a través de movimientos guiados por el alma. Isadora y Ana lo sabían. No importa cómo la categorizen. La razón de ser es mover el espíritu para su trascendencia, el de quien interpreta y el de quien aprecia la interpretación.
Fuente: Red Escolar